Al entrar, los recién llegados miraron la cara ensangrentada de la mujer que estaba tendida en el suelo como si todos los días vieran imágenes parecidas y ya estuvieran acostumbrados. Quizá lo estaban. Luca se fue a la sala y el médico les recomendó que la movieran con sumo cuidado.

Mientras tanto, Brett no sentía nada que no fuera el prieto abrazo del dolor. Lo sentía en todo el cuerpo, en el pecho comprimido, que hacía de cada respiración un suplicio, en los huesos de la cara, y en la espalda, que la abrasaba. A veces, sentía dolores fraccionados, pero enseguida se fundían y le recorrían el cuerpo anulando todo lo demás. Después sólo recordaría tres cosas: la mano del médico en su mandíbula, un contacto que le envió al cerebro un fogonazo blanco; la mano de Flavia en su hombro, el único calor en aquel mar de hielo; y el momento en que los dos hombres la levantaron del suelo, y ella dio un grito y se desmayó.

Cuando volvió en sí, al cabo de varias horas, el dolor seguía presente, pero algo lo mantenía un poco apartado. De todos modos, sabía que, si se movía, aunque sólo fuera un centímetro, volvería aún con más fuerza, por lo que se mantenía perfectamente inmóvil. Pensó en palpar cada parte de su cuerpo, para averiguar dónde acechaba el dolor más agudo, pero antes de que pudiera dar a su cerebro la orden de empezar el recorrido, el sueño la venció.

Volvió a despertarse, y esta vez, con la mayor precaución, su mente empezó a explorar varias partes de su cuerpo. El dolor se mantenía a cierta distancia y ya no parecía que moverse tuviera que ser tan peligroso. Centró su pensamiento en los ojos y trató de determinar si lo que había ante ellos era luz u oscuridad. No podía adivinarlo, por lo que dejó vagar la mente por el rostro, donde el dolor permanecía latente, luego por la espalda, que le ardía y palpitaba, y por las manos. Una estaba fría y la otra caliente. Permaneció quieta durante lo que le parecieron horas pensando: ¿por qué una mano estaba fría y la otra caliente? Se mantuvo inmóvil una eternidad mientras su mente estudiaba el enigma.



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