
– ¿Quieres más, cara? Con un hombre es mejor.
La reacción de Brett fue totalmente involuntaria. Su puño rebotó en la cara del hombre sin hacerle daño, pero lo repentino del movimiento la liberó de la mano del otro hombre y fue a dar de espaldas contra la pared. Sintió su dureza pero no dolor, como si no fuera su cuerpo el que había chocado.
Entonces vio que se hundía, notó el roce áspero del ladrillo que le levantaba el jersey. Despacio, muy despacio, como a cámara lenta, fue resbalando hacia el suelo. La rugosa pared le arañaba la carne mientras la fuerza de la gravedad tiraba de su cuerpo.
Brett estaba confusa. Oía una voz de Flavia que cantaba la cabaletta y otra voz de Flavia que gritaba furiosa:
– ¿Quiénes son? ¿Qué hacen aquí?
«Sigue cantando, Flavia», quería decirle, pero no podía recordar cómo decirlo. Acabó de caer al suelo y quedó con la cara vuelta hacia la puerta de la sala, donde vio a la verdadera Flavia a contraluz, oyó la música excelsa que llegaba con ella, envolviéndola, y descubrió el gran cuchillo de picar cebolla que traía en la mano.
– No, Flavia -susurró, pero nadie la oyó.
Flavia se lanzó hacia los dos hombres. Ellos, sorprendidos a su vez, no tuvieron tiempo de reaccionar, y el cuchillo hizo un corte en el antebrazo que el más bajo había levantado. El hombre dio un grito de dolor y apretó el brazo contra el cuerpo, cubriéndose la herida con la otra mano. La sangre empezó a empapar la manga de la chaqueta.
Otra imagen congelada. Luego, el más alto inició la retirada en dirección a la puerta que había quedado abierta. Flavia, con la mano del cuchillo a la altura de la cadera, dio dos pasos hacia él. El herido le lanzó un puntapié con el pie izquierdo que la alcanzó a un lado de la rodilla. Ella cayó de rodillas, con el cuchillo todavía bien sujeto junto a su cuerpo.
La señal que intercambiaron los dos hombres en este momento fue totalmente silenciosa, pero ambos fueron hacia la puerta al mismo tiempo. El alto se agachó alargando el brazo para recuperar el sobre, pero Flavia, desde el suelo, fintó con el cuchillo hacia su mano y él retrocedió dejando el sobre en el suelo. Flavia se puso de pie y bajó corriendo varios escalones detrás de ellos, mas enseguida se detuvo, volvió al apartamento y cerró la puerta con el pie.
