
O bien:
– Livia, he encontrado un pequeño apartamento francamente bonito en una especie de apartotel que está…
– ¿Un pequeño apartamento? Te había dicho con toda claridad una casa.
– ¿Y un pequeño apartamento no es una casa? ¿Qué es, una tienda de campaña?
– No, un pequeño apartamento no es una casa. Vosotros los sicilianos creáis la confusión y llamáis casa a lo que es un apartamento, mientras que yo, cuando digo casa, quiero decir casa. ¿Quieres que me explique mejor? Tienes que buscar un chalet unifamiliar.
En las agencias de Vigàta se le rieron en la cara.
– ¿Yel dieciséis de julio pretende usted encontrar un chalet a la orilla del mar para el uno de agosto? ¡Pero si ya está todo alquilado!
Le dijeron que dejara el número de teléfono: si por casualidad alguien rescindía el acuerdo en el último minuto, lo avisarían. Y el milagro ocurrió cuando ya prácticamente había perdido la esperanza.
– ¿Oiga, dottor Montalbano? Aquí la Agencia Aurora. Ha quedado libre un chalet como el que usted busca. Está en Marina de Montereale, en la urbanización de Pizzo. Pero tendría que pasarse enseguida por aquí; estamos a punto de cerrar.
El comisario interrumpió de golpe un interrogatorio y acudió a toda prisa a la agencia. A juzgar por las fotografías, parecía justo lo que quería Livia. Acordó con el señor Callara, el propietario de la agencia, que a la mañana siguiente sobre las nueve iría a recogerlo para ver el chalet, que se hallaba por la parte de Montereale, a menos de diez kilómetros de Marinella.
Montalbano pensó que diez kilómetros de la carretera de Montereale en pleno verano igual podían significar cinco minutos de coche como dos horas, según el tráfico que hubiera. Paciencia; Livia y Laura tendrían que aguantarse, eso era lo que había.
Una vez en el coche, el señor Callara se puso a hablar y ya no paró. Empezó por la historia más reciente, comentando que el chalet lo había alquilado un tal Jacolino que trabajaba como empleado en Cremona y había entregado la preceptiva paga y señal. Pero justo la víspera, el tal Jacolino llamó a la agencia para explicar que la madre de su mujer había sufrido un accidente y ya no podrían moverse de Cremona. Y por eso lo habían llamado a él, Montalbano.
