– ¿Hay tesoros? -preguntó.

– ¿Tesoros materiales?

A Sabrina le molestó el tono desdeñoso de su voz. ¿Por qué siempre pensaba lo peor de ella?

– No me hables así -contestó acalorada-. Soy licenciada en Arqueología y tengo un master en Historia de Bahania. Mi interés por la ciudad es científico e intelectual, no lucrativo… Da igual. Cree lo que te dé la gana. No me importa -añadió al ver que Kardal guardaba silencio.

Pero sí le importaba, pensó Kardal sorprendido cuando por fin se calló Sabrina. Tenía entendido que había ido a la universidad en Estados Unidos, pero nunca había pensado que hubiese finalizado sus estudios. Ni que hubiese elegido una carrera relacionada con su legado cultural. No estaba seguro de que no ambicionara los tesoros de su ciudad para sí misma, pero estaba dispuesto a esperar para averiguarlo.

Sabrina se echó hacia delante, apartándose de él. Kardal notó el temblor de sus músculos, resultado de la tensión.

– Relájate -le dijo al tiempo que la rodeaba por la cintura y la atraía hacia él -. Tenemos un viaje largo por delante. Si sigues en una postura tan rígida, no tardará en dolerte todo el cuerpo. Prometo no abusar de ti mientras estés en mi caballo.

– Entonces recuérdame que no me baje nunca -murmuró Sabrina, aunque dejó caer el peso sobre su pecho.

Aunque era un incordio de mujer, no le desagradaba tanto como había pensado. Por desgracia, su cuerpo también le resultaba más deseable de lo sensato. Al montarla en el caballo, solo había pensado en impedir que huyese. Pero estaba pagando un precio demasiado caro. La espalda de Sabrina rozaba su torso, el trasero se pegaba contra sus ingles, excitándolo de tal modo que apenas podía pensar. Era la clase de problema que no necesitaba. No era la mujer tradicional del desierto que habría elegido. Tampoco era servicial, su ingenio y sus palabras como armas arrojadizas y era evidente que el tiempo que había pasado en Occidente la había corrompida Era irrespetuosa, siempre quería tener la última palabra y estaba malcriada. Y aunque sí que le resultaba intrigante, nunca la habría elegido. Por otra parte, la elección no había sido suya. Todo Labia quedado determinado el mismo día de su nacimiento.



21 из 163