
Kardal se preguntó cómo era posible que ella no supiera quien era él. ¿Su padre no la había puesto al corriente?, ¿o quizás ella no había entendido? Ya lo descubriría mas adelante. Kardal sonrió. Dudaba que Sabrina atendiese a nada que no quisiera oí, Pero él la enseñaría a romper con ese hábito.
Sabrina iba a ser un desafío, pero al final saldría victorioso. Era el hombre y tenía el poder. Antes o después, ella acabaría aceptándolo y valorándolo Mientras tanto, ¿qué diría cuando se enterara de que era el hombre al que estaba prometida?
Capítulo 3
P
OR FIN se acostumbró al ritmo del caballo. A pesar de su deseo de mostrarse independiente, no pudo evitar acabar recostándose contra Kardal. Era un hombre fuerte, capaz de soportar su peso, y era verdad que no debía mantener una postura tan tensa si no quería acabar con el cuerpo destrozado.
Así que se permitió apoyarse sobre su musculoso torso. Kardal adelantó los brazos, de modo que pasó a sujetar las riendas por delante de ella, en vez de por detrás. Sabrina apoyó sus antebrazos sobre los de él.
La sensación de tocarlo resultaba extrañamente íntima. Quizá era la proximidad de sus cuerpos, o la oscuridad causada por la venda que tapaba sus ojos. Nunca se había visto en una situación igual, lo cual tampoco era sorprendente. Al fin y al cabo, no era normal que un nómada secuestrara a una princesa.
– ¿Haces esto a menudo? -preguntó Sabrina-. ¿Te gusta secuestrar mujeres inocentes?
