Se detuvo por un momento, inspeccionando la escena.

– Estaos quietos -siseó, con enojo y autoridad en su voz suave.

A su orden, ambos lobos dejaron de luchar instantáneamente, esperando, con cuerpos temblorosos, los costados moviéndose pesadamente y las cabezas bajas para aliviar la terrible presión alrededor de las gargantas. La mujer se movió con fluida gracia, deslizándose sobre la superficie en vez de hundirse en la cama de nieve helada. Estudió las trampas, una multitud de ellas, con disgusto en sus oscuros ojos.

– Han hecho esto antes -regañó-. Te las he mostrado, pero estabas demasiado ansioso, buscando una comida fácil. Debería dejarte morir aquí en agonía. -Incluso mientras reprendía a los lobos, retiró un par de cutters de dentro de la piel del lobo y cortó los alambres, liberando a los animales. Enterró los dedos en el pelaje, sobre los profundos cortes en sus gargantas y colocó la palma de la mano sobre los tajos, canturreando suavemente. Una luz blanca ardió bajo la mano, resplandeciendo a través de la piel de los lobos.

– Esto debería haceros sentir mejor -dijo, el cariño se arrastró en su tono mientras rascaba las orejas de ambos lobos.

El alfa gruñó una advertencia y su compañera mostró los dientes, ambos miraban más allá de la mujer. Ella sonrió.

– Lo huelo. Es imposible no oler el nauseabundo hedor del vampiro.

Giró la cabeza y miró por encima del hombro al alto y poderoso macho que emergió del tronco torcido y nudoso de un gran abeto. El tronco estaba abierto, casi partido en dos, ennegrecido y pelado, las agujas en los miembros extendidos se marchitaban mientras el árbol expulsaba a la criatura venenosa de sus profundidades. Los carámbanos llovieron como pequeñas lanzas mientras las ramas tiritaban y se sacudían, temblando ante el contacto con una criatura tan asquerosa.

La mujer se levantó elegantemente, girándose para encarar a su enemigo, indicando por gestos a los lobos que se fundieran con el bosque.



3 из 458