Llevaba todo el día sin fumar. Se había pasado la primera semana de vacaciones racionándose el tabaco. Cada día fumaba dos cigarrillos menos. Pero después, al darse cuenta de que le harían falta veinte días para acabar el proceso y que sólo disponía de una semana antes de su vuelta al trabajo, momento en que el no fumar debía ser un hecho consumado, lo había dejado de sopetón. Hacía ya cinco días que no tocaba un cigarrillo. Y quizá era por eso por lo que no podía dormir. Mejor que volviera a la lectura. Si algo tenía aquel libro, con su profusión de personajes maravillosos y los eventos históricos que relataba, era que en ocasiones lo distraía de su propósito de dejar de fumar. Una vez encontrada de nuevo la postura adecuada y tras haber abierto el libro, cuando estaba ya casi absorto en su lectura, sonó el teléfono.


No hay obra de arte que no surja de la superación de obstáculos.

Y se diría que cuanto más significativa es para uno dicha obra, más poderosos se vuelven los obstáculos, como si uno fuera puesto a prueba ante el privilegio, regalado o robado, de hacer realidad sus sueños. A veces se podría llegar a pensar que los obstáculos y las dificultades son la energía que alienta las obras de arte, provocando desafíos y una rebeldía sin los que… Beni Meyujas abandonó sus reflexiones y miró primero el monitor y después a Schreiber, el único cámara con quien estaba dispuesto a trabajar en esa película. El rostro blanco, grande y liso de Schreiber brillaba cuando, después de erguirse un poco, asomó tras la lente de la cámara. Beni Meyujas le tocó el hombro y lo apartó ligeramente para poder mirar a través de la lente; entonces él también vio la figura que estaba de pie en el borde de la azotea, cerca de la baranda, sujetándose con la mano el vuelo del vestido blanco y levantando su pálido y apesadumbrado rostro hacia el cielo oscuro. El realizador alzó la cabeza y señaló la luna con el dedo.



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