Después de ocho años viviendo juntos, por amor, sin ningún otro tipo de ataduras, sin hijos, sin patrimonio ni ceremonias religiosas, ahora resultaba que ella se negaba a dirigirle la palabra. Pero lo que se dice ni una sola palabra. Cada vez que él intentaba explicarle lo que tenía que hacer, ella aparecía con el decorado listo para el rodaje, incluida la gran columna de mármol, por ejemplo, pulida y perfecta como la columna de un palacio. Un decorado realmente precioso. ¿Quién iba a pensar que alguien lo ensuciaría con una pintada en rojo que decía: «Esto es una casa de putas asquenazí»? ¡Las cosas que llegan a ocurrírseles a las personas! Se diría que no les importa mutilar la belleza. Y es que lo que desean muchos es destruirla. Se podría llegar a pensar que es precisamente la visión de una gran belleza lo que incita a la gente a la destrucción. Hasta a las personas inteligentes y cultas. De hecho, ése es el tema de Ido y Einam. También ellos destruyeron la belleza. La destruyeron como si lo que buscaran fuera descifrar su secreto.

Beni Meyujas miró hacia un rincón de la azotea. Max Levin había propuesto que rodaran a Guemula andando sobre la azotea del almacén de los decorados. La luna iluminó un cactus plantado en un cubo oxidado, que había sido apartado a un lado para que no saliera en el encuadre, y la superficie manchada de pintura que habían cubierto con arena. Desde aquel rincón de la azotea todavía se podía percibir el olor a humo que salía de la barbacoa.

La primera vez que Beni Meyujas lo acompañó a la azotea y vio asombrado la barbacoa llena de hollín, los restos de carbón y, al lado, el montón de finos huesos que los gatos habían mordisqueado, Max Levin se sintió muy incómodo y pareció arrepentirse de haber permitido que Beni entrara en su reino.

– El chico ése, el cerrajero -se disculpó, y su fuerte acento húngaro se hizo más patente-, tiene un pasatiempo, un gallinero cerca del compresor. Así que los muchachos, ya sabes, mientras esperan, por la noche y a veces temprano por la mañana, hacen tortillas con los huevos de las gallinas. A veces también asan un pollo del corral, no entero, no, sólo las alas o la pechuga.



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