– No digas qué sandez. ¿Quién dice sandeces? -protestó Balilty, con un gesto parecido a una sonrisa-. Ya no queda ni una mujer en esta ciudad que no se haya puesto de rodillas delante de ti. Ellas dicen que tú…, ya sabes, hablan de tus cosas y todo eso. He visto cómo te mira. Y también esa de la inmobiliaria que…

– Bueno, ya está bien -Michael hizo un gesto de desaprobación con el brazo.

– ¿Quién te ha encontrado la casa? ¿Ella? -Balilty señaló con la cabeza la escalera por la que había bajado Linda Obarian y puso la mano en la cinta amarilla que rodeaba la escena del crimen.

Michael no contestó.

– Yo no la conozco. ¿Quién es? Parece completamente ida. ¿Es una persona seria? ¿Así? ¿Con ese camisón con el que se pasea? ¿Es de verdad agente inmobiliario?

Michael asintió y deshizo con los dedos el cigarro mentolado.

– Sólo lo parece… Y no es un camisón. Y además eso no tiene nada que ver, ella es la agente inmobiliario de la zona, la persona autorizada para este barrio -y al momento se sintió asqueado por intentar convencer a Balilty de la credibilidad de Linda. ¿Y encima entrar en detalles sobre su ropa? Qué más le daba a él lo que pensara Balilty.

– ¿No sabes que todos los agentes inmobiliarios son unos estafadores? -le increpó Balilty soltando un resoplido de desdén-. ¿Eso es un trabajo? Si cualquiera puede hacerlo, ¿por qué no voy a poder yo venderle una casa a alguien? Es, como se dice en yiddish, un oficio de aire, vivir del aire, ¿eso es un trabajo? ¿De dónde crees que obtienen los beneficios? De la pereza que nos da buscar a nosotros mismos, ¿o no?

Michael seguía con la cabeza los movimientos de Alón, que en la mano izquierda tenía la mano rígida de la víctima -incluso de lejos se podía apreciar su rigidez- y con la derecha escarbaba con unas finas pinzas bajo las largas uñas rojas. Era de suponer que alguien a quien le gustaban las faldas tanto como a Balilty se concentraría en ese cuerpo escultural con el vestido de lana gris, en el brillante pelo, negro rojizo, largo y desplegado como una cola, y en la masa de la cara y haría todo tipo de conjeturas sobre esa belleza truncada.



11 из 407