
– ¿Te ha tocado la lotería o qué? ¿Qué te ha pasado? ¿Por qué es tan urgente? ¿Te han dejado una herencia? ¿Qué dice Yuval de eso? ¿Se lo has enseñado? A ver si lo entiendo, ¿es que te has vuelto completamente loco?
– Se lo he enseñado, claro que se lo he enseñado, pero él no va a vivir aquí, se ha mudado a Tel Aviv. ¿Qué es lo que te preocupa? Todo irá bien -dijo Michael con un hilo de voz, y miró hacia abajo, hacia Ada Efrati (para él aún era Ada Levi), que estaba a los pies de la escalera tocándose con su mano morena y delgada, de largos dedos, el pelo corto y oscuro salpicado de canas. La luz del foco situado encima de ella envolvía su pálida cara con un tejido de sombras. Estaba muy cerca de la arquitecto, que seguía agarrándose el cuello con la mano, un gesto que demostraba que aún no había conseguido sobreponerse.
– ¿Lo ves? -argumentó Balilty-, pretendían empezar la reforma mañana por la mañana y ahora se les han chafado todos los planes. Han encontrado un cadáver. ¿Lo ves?, no se puede planificar nada con cosas así.
La arquitecto empezó a subir por la escalera y, a la mitad, se detuvo y carraspeó como esperando su turno para hablar con Michael, que la estaba mirando mientras subía. Ella intentó llamar su atención sin conseguirlo, hasta que Balilty se calló un momento.
– Perdone -dijo entonces en un tono amable y nervioso-, ¿es usted el superintendente Ohayon?
Michael asintió.
