
– Entera -sugirió Michael-. Estabas entera.
– Ya entonces eras un chico muy educado -sonrió-. Treinta y un años… Lo recuerdo perfectamente… Siempre se me han dado bien las fechas…
– ¡Ohayon! -gritó Balilty desde arriba-. Ven, ven a ver esto, ¿subes o no?
– Yo espero aquí -dijo la arquitecto, que estaba a los pies de la inestable escalera de madera-. No puedo subir y ver… -y se alejó enseguida de la escalera hacia el ventanal que daba al patio delantero abandonado.
– Sabía que estabas en la policía -murmuró Ada al entrar tras él en el piso-, incluso pensé en buscarte, hace tiempo, pero no ahora, porque cuando se encuentra… cuando se encuentra a alguien, muere, no se piensa más en él. He venido con la arquitecto y con un capataz para ver… para medir… da igual… Sabía que eras importante, es decir que tenías un buen puesto en la policía. Cuando llamé a la policía, no se me pasó por la cabeza que mandarían a alguien como tú…
– Estaba por la zona, cerca -se oyó justificarse-. A veces es así, si estás por la zona y, sobre todo, si además eres el oficial de turno… -quería preguntarle por qué había pensado en buscarle, pero entonces oyó que el furgón del laboratorio de criminalística estaba aparcando en la acera de delante de la casa y acompañó a los dos miembros de criminalística al interior del piso.
– ¿No dices nada de lo rápido que hemos llegado? -dijo Jaffa, de criminalística, mientras subía por las escaleras-. ¿Es que tú tampoco puedes decir nada amable?
– Bravo, de verdad -dijo Michael, y siguió con la mirada las grandes zancadas de Alón, de criminalística, que iba detrás de Jaffa, y miró con desconfianza la vieja escalera, que crujió cuando ella apoyó los pies.
– No he visto ninguna ambulancia -dijo Jaffa sin volver la cabeza- ¿Nos has llamado a nosotros antes?
