
– ¿No te acuerdas de Aarón Meroz? Un niño de fuera que adoptamos, y que estuvo con nosotros hasta hace veintidós años, ¿no es eso? Hasta los… ¿Qué edad tenías cuando te marchaste?
– Veinticuatro -respondió Aarón incómodo, y volvió a sentir el dolor en el brazo izquierdo. También le había estado molestando la víspera, pese a lo cual había decidido no ir a hacerse un chequeo.
– Pero desde entonces has venido ya otras veces -dijo el hombre, y Aarón asintió-. Claro. Me resultabas conocido, pero no te situaba -se excusó.
– Tal vez de la televisión -dijo Havaleh.
Y el hombre volvió a asentir diciendo:
– Eso es, eres el subsecretario del partido, ¿verdad? -y luego repitió la pregunta relativa a la movilización del día siguiente.
Moish respondió con concisión y terminó diciendo:
– Consulta el cuadro del tablón de anuncios; ahí se especifican los puntos.
– ¿Qué puntos? -preguntó Aarón una vez que se hubo alejado el hombre.
– ¿Qué te crees? ¿Que la gente sigue presentándose voluntaria como en los viejos tiempos? -gruñó Moish-. La encargada de organizar los turnos de trabajo está enferma, y, en cualquier caso, la tarea le supera. Así que cada vez que hay una movilización me vuelven loco, porque hoy día concedemos puntos por apuntarse a las movilizaciones, y bonificaciones, y todo ese tipo de cosas. Pero no es competencia mía en absoluto. Que se lo vayan a preguntar a Osnat.
– ¿Osnat? -preguntó Aarón, sintiendo que se le encogía el estómago.
– ¿No te lo había contado? Ahora Osnat es la secretaria del kibbutz -dijo Moish, y sonrió-. Nos hemos hecho mayores, ¿verdad? Somos adultos responsables -luego volvió la cabeza y comentó preocupado-. Qué escándalo hay, no sé cómo van a representar las escenas cómicas -dirigió la vista al escenario, donde habían comenzado los preparativos para la segunda parte del programa-. ¿Desde hace cuántos años no ves una comedia en un kibbutz?
