
– Tal vez está cansado después de todo el jaleo de esta tarde -dijo Havaleh con mirada sombría.
Aarón volvió a ponerse en tensión al oír que Moish se refería a su padre llamándolo por su nombre de pila. Nunca había comprendido aquella costumbre tan típica de los niños del kibbutz, que se le antojaba muy fría.
«Pero si esta tarde tampoco ha estado presente», quiso decir Aarón, pero guardó silencio porque en ese momento todos se volvieron porque comenzaba la representación de la comedia escrita por Yoopie. Le horrorizó comprobar que no lograba recordar el verdadero nombre de Yoopie. El empeño en recordarlo ya no lo iba a dejar en paz; le fastidiaría como una mosca zumbona hasta que lograra recordarlo. Era una especie de juego que se había inventado y en cuyas reglas no entraba preguntárselo a alguien. Con esa preocupación, dejó de escuchar la comedia, aunque la experiencia previa y las carcajadas del público le bastaban para deducir que el argumento era maligno, salpicado de alusiones y juegos de palabras. Aarón dirigió la vista hacia Havaleh, en cuyos brazos se había dormido Ben, hacia Asaf, que observaba el escenario desganadamente, mordisqueando de vez en cuando un trozo de pan de pita, y hacia Moish, que contemplaba la escena sonriente. Luego Moish consultó su reloj y echó un vistazo en derredor, con gesto preocupado.
– Si no aparece enseguida iré a ver qué ha ocurrido.
Aarón estaba a punto de decir algo tranquilizador, pero una persona sentada cerca de él hizo un comentario sarcástico sobre los políticos, y, al levantar la vista para replicar, con la sonrisa jovial que siempre adoptaba en tales ocasiones, vio a Osnat.
Tenía los verdes ojos entrecerrados, con ese gesto de concentración que él tan bien conocía; la potencia de la sacudida que estremeció su cuerpo lo dejó asombrado. Osnat apenas si había cambiado en aquellos ocho años. Tenía el mismo aspecto. Le hacía pensar en una pantera, con el pelo rubio, la piel oscura y esos ojos achinados que resplandecían en la oscuridad, según recordó ahora, mientras los miraba de frente.
