Pensó en regresar para llamar a una ambulancia y se detuvo un instante, pero la necesidad de hacer algo concreto y enérgico, por muy ilógico que fuera, se impuso; llegó al comedor sin aliento y preguntó por el médico al primer kibbutznik con el que se topó. Mirándolo con desconcierto y curiosidad, éste señaló una de las mesas del fondo de la sala; sorteando sillas y tropezando con Fania, del taller de costura, que lo miró alarmada, Aarón al fin logró llamar la atención del joven doctor, que se dirigió hacia él saltando sobre la mesa. Queriendo evitar por encima de todo que se desencadenara una reacción de pánico, Aarón se llevó al médico aparte y le susurró que Srulke estaba inconsciente entre las flores de al lado de su habitación.

El médico adoptó una expresión grave y echó a andar a buen paso. Al llegar a la puerta del comedor, tocó en el hombro a un joven que estaba allí y le dijo:

– Busca a Rickie ahora mismo y dile que lleve el equipo de reanimación de la clínica a la habitación de Srulke. Es urgen- (e. Y no lo comentes con nadie, ¿de acuerdo?

El joven asintió asustado y se internó en el comedor. El médico echó a correr seguido por Aarón, quien por el camino le preguntó si Srulke había tenido problemas de salud en los últimos tiempos.

– Que yo sepa, no -repuso el médico-, pero hace tiempo que no le hago un reconocimiento -se volvió hacia Aarón, que se rezagaba jadeante, y añadió-: Pero, a su edad, nunca se sabe, ya no es un jovencito.

Llegaron al fin a la sección A de los Fundadores y al camino que conducía a la segunda casa de la manzana, donde Srulke había vivido desde que Miriam falleciera ocho años atrás. Moish seguía inclinado sobre el cuerpo yacente de Srulke, desvalido y con una expresión espeluznante en el rostro.

– Tráigame una toalla de la habitación -ordenó el médico.



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