¿De que tipo de secreto sobre el Holocausto se trataba?. Asintió lentamente demostrando así que estaba de acuerdo.

– No volveremos a estar en contacto, mademoiselle.

Las articulaciones de Soli Hecht crujieron al levantarse. Su rostro se arrugó en una mueca de dolor.

– Podría haberme mandado por fax esta solicitud, Monsieur Hecht. Le habría ahorrado el desplazamiento.

– Pero si no nos hemos visto ni hemos hablado, mademoiselle Leduc- replicó él.

Aimeé se tragó a duras penas la respuesta y abrió la puerta para que saliera.

Listones deformados en el suelo, un espejo desvencijado y una rayada escayola adornaban el frío descansillo. Pulsó el botón para llamar al ascensor de principios de siglo que chirriaba ruidosamente al subir por el hueco. Despacio y con dificultad, él se dirigió al portal.

De regreso a su despacho, metió los francos en el bolsillo. El recibo de teléfono de France Telecom y la carne de caballo para Miles Davis (pronunciado “Mils Davis”), su cachorro de bichón frisé, esperarían hasta que hubiera realizado el trabajo prometido.

Eurocom, el gigante del cable, había echado a perder sin ningún miramiento sus finanzas al romper el contrato de mantenimiento de seguridad con Leduc y contratar a una empresa rival de Seattle, la única que realizaba el mismo trabajo que ella y su socio. Esperaba que le quedara suficiente dinero para retirar sus trajes de la tintorería.

Sus claves estándar le permitían descifrar codificaciones. Abrían la información almacenada en una base de datos, en este caso, tal y como ella se imaginaba, en una del Ejército.

Después de pulsar su clave estándar, la pantalla se iluminó con un “Acceso denegado”. Lo intentó con otra clave., Réseau Militaire, una oscura red militar. En la pantalla seguía apareciendo “Acceso denegado”. Intrigada, volvió a intentarlo con otras claves pero no consiguió nada.



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