La mañana pasó a ser la tarde, las sombras se hicieron alargadas y llegó el crepúsculo.

Después de varias horas se dio cuenta de que se ganaría el sueldo con esto. Hasta ahora no había funcionado nada.

MIÉRCOLES A ÚLTIMA HORA DE LA TARDE

Más tarde, ese mismo día, durante uno de sus últimos intentos de decodificación, utilizó una vieja clave de la posguerra. Le sorprendió ver que el sistema respondía:

“Para acceder, seleccionar formato audio/visual”. Era una ruta de acceso rara, pero no desconocida.

Con el audio no sucedió nada. Abrió el archivo visual utilizando el software de la decodificación de documentos. De repente, la pantalla se llenó de blanco y negro. Después de varios segundos pudo distinguir con claridad una fotografía. No aparecía ningún texto, sólo la foto. Mejoró la definición aumentándola para ello al máximo sin distorsionar la imagen.

La rasgada instantánea en blanco y negro con difuminados márgenes blancos mostraba una escena en un café cercano a un parque lleno de niños. Había gente sentada en la terraza del café y otros estaban de pie formando pequeños grupos. Los que estaban de pie eran de las SS. Estaban de espaldas, pero reconoció el símbolo de los rayos en los extremos de los cuellos.

Nadie miraba la cámara. La mayor parte de los civiles vestían ropa oscura y sencilla. Una cándida instantánea del París ocupado. Casi la mitad de la fotografía había sido destruida.

Se quedó mirando la foto fijamente, conmocionada. Había comido numerosas veces en ese café, conocía a muchos de sus clientes habituales. Pero ahora siempre pensaría en los nazis que habían estado allí antes que ella.

Esta era la primera vez que descifraba un código que dejaba ver una fotografía sin texto. ¿De qué manera podría constituir este documento una prueba para la señora? Pero, eso, tal y como se forzó a recordar, no era asunto suyo.



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