
– ¿Estás bien, Josh?
Él asintió temblorosamente.
– ¿Sigues con idea de dar la clase?
Clase. Sí, claro, la clase. Carraspeó antes de contestar.
– Sí, señorita.
– No tienes por qué estar nervioso. Yo voy a estar a tu lado todo el tiempo.
Le puso la mano en el brazo y Josh pensó que sería para tranquilizarlo. Pero en lugar de eso sintió como si le quemara la piel. ¿Cómo había podido pensar que aquella mujer sería como uno de sus compañeros?
Se suponía que aquello era estrictamente formal, pero supo que no tardaría mucho en ceder a la tentación. No podría resistirse a coquetear con ella. Sobre todo cuando se sentía de pronto tan inquieto.
– Te prometo que estarás a salvo -le dijo ella con una sonrisa de ánimo.
La miró a los ojos y el estómago pareció descenderle a los tobillos. De algún modo sospechaba que sería difícil estar «a salvo» con esa mujer.
Ella le tomó de la mano y tiró de él con suavidad hacia la piscina.
– Vamos. Empezaremos despacio por el lado que no cubre. En poco tiempo estarás nadando.
Aún no había introducido el pie en el agua y ya tenía la sospecha de que estaba bien metido en todo aquello.
Capítulo Dos
Lexie estaba en la piscina, con el agua tibia por la cintura, intentando aparentar que estaba muy ocupada con las planchas para no mirar a Josh, que se estaba preparando para la clase.
Pero falló miserablemente.
Tenía el pelo moreno y fuerte, de ese que tanto les gustaba acariciar a las mujeres. Y qué piernas, Dios bendito… Antes no se había equivocado: las tenía increíbles con vaqueros, y aún más increíbles sin ellos. Cuando decidió bajar la vista para no continuar mirándolo, él se agarró del borde de su camiseta de la Universidad de Montana y se la quitó.
