– dijo-. Sabrás que la única razón por la que te aguanto es porque yo quiero ese terreno y tú eres agente inmobiliario y tienes contactos -le dijo a su amiga para tomarle el pelo y que dejara de preocuparse.

– Y la única razón por la que yo te aguanto es porque me haces un descuento en el salón de belleza del complejo -Darla entrecerró los ojos-. Ya sabes, el salón de belleza es el lugar donde la gente va a aliviarse de su estrés. Te sugeriría que fueras, pero en tu caso hay que aplicar medidas más drásticas. Necesitas una humeante y caliente…

– ¿Sauna?

– Aventura -cuando Lexie no contestó, Darla continuó-. No quiero ni pensar el tiempo que llevas sin practicar el sexo.

Once meses, dos semanas y tres días. Lexie no quería pensarlo tampoco. Y no pensaba añadir leña al fuego recordándoselo a Darla.

– Tienes mucho estrés, Lex.

– Estoy ocupada.

– Te estás matando por ese terreno.

– Porque quiero tener un hogar. Y quiero esa cala.

– Lo entiendo. Y en cuanto el dueño quiera vender, te lo diré. Pero mientras tanto debes relajarte.

Aunque le costara reconocerlo, a Darla no le faltaba razón.

– Supongo que últimamente he estado algo tensa.

– ¿Algo tensa? -Darla sacudió la cabeza-. Eres un volcán a punto de estallar. Necesitas liberar el estrés. Y, créeme, la mejor manera del mundo de hacerlo es el sexo. ¿Por qué crees que yo estoy siempre tan relajada?

– Pensé que era gracias a todo el tiempo que mi descuento te permitía estar en el salón de belleza.

Darla se echó a reír.

– Los masajes y las limpiezas son algo estupendo, pero el sexo es mejor. Confía en mí. Un par de sesiones de sexo apasionado y serás una mujer nueva. Santo Cielo, tu cuerpo debe de estar literalmente muerto de hambre después de tantos meses de celibato. Necesitas un lío.



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