La voz ronca de papá, siempre un tanto burlona. Y ya se sabe que si eres hija te gusta que te tome el pelo, porque eso es una prueba de amor.

– Di sólo que nos hemos retrasado, Gatita. No hace falta que des más explicaciones.

Me reí. Dijera lo que dijese mi padre, lo más probable era que me echase a reír y respondiera Claro.

Siempre había que contestar deprisa a un comentario suyo, aunque no se tratara de una pregunta. Si no lo hacías, te miraba fijamente, sin fruncir el ceño pero también sin sonreír. Un suave golpecito en las costillas: ¿Eh? ¿De acuerdo?

Por supuesto Eddy me llevaba a casa un poco tarde, despreocupadamente tarde. De manera que no había confusión posible en cuanto a que era él quien me había traído a casa y no el autobús escolar.

Despreocupado, así era papá, aunque nunca de manera intencionada.

En aquel atardecer de noviembre me traía a casa no mucho antes de que lo ejecutara un pelotón de fusilamiento; a una casa de la que mi madre lo había expulsado, dándose además el caso de que las circunstancias de su expulsión habían sido humillantes para él. Se trataba de una casa de madera de dos pisos, pintada de blanco, que no tenía nada de especial pero por la que mi padre sentía mucho cariño o lo había sentido al menos años atrás: una casa que construyó en parte con sus manos; una casa cuya techumbre y pintura había supervisado; una casa como otras en la carretera del río, cuya pintura empezaba a desconcharse por el lado norte, más expuesto a los rigores del clima, y con contraventanas y molduras necesitadas de un buen repaso; una casa de la que varios años antes Eduard Diehl había sido expulsado por una orden del Juzgado de lo Penal de Herkimer County, Departamento de Asuntos Familiares. (Ni mi hermano ni yo habíamos visto aquel documento, aunque sabíamos que existía, escondido en algún lugar en el archivo legal de nuestra madre.)Mi madre guardaba fuera de nuestro alcance documentos como aquél por miedo -un miedo injustificado, pero típicamente suyo- de que uno de nosotros, imagino que yo, se pudiera apoderar de la orden judicial y hacerla pedazos.



2 из 505