GARANTÍA TOTAL. Daba escalofríos. ¿Qué harían a los pacientes que descuidaban el pago de los plazos del puente superior? La zona estaba aún intacta en su mayor parte -los pensionistas seguían apuntalando sus hortensias con tesón-, pero las inmobiliarias acabarían por derribarlo todo. En Santa Teresa hay dinero por un tubo y buena parte se dedica a dar un look determinado a la ciudad. No hay anuncios de neón, ni barrios pobres, ni complejos fabriles que enturbien el paisaje con humos contaminantes. Todo es yeso y estuco, tejados de tejas rojas, buganvillas, madera envejecida artificialmente, paredes de adobe, ventanas de arco, palmeras, balcones, helechos, fuentes, paseos y flores. Abundan los edificios antiguos restaurados. Todo es extrañamente irreal, tan exuberante y refinado que impide estar a gusto en otra parte.

Llegué al domicilio de la señora Boldt, estacioné enfrente el coche, cerré con llave y empleé unos minutos en inspeccionar el lugar. Era realmente curioso. El edificio tenía forma de herradura y las dos anchas extremidades se prolongaban hasta la calzada; tres pisos, garaje en el sótano, una extraña mezcla de modernidad y estilo español de pega. En la fachada había arcos y balcones, y puertas altas de hierro forjado que comunicaban con un patio lleno de palmeras, pero los laterales y la fachada trasera eran insípidos y carecían de adornos, como si el arquitecto hubiera dado una mano colonial a un tablón de conglomerado y hubiera puesto encima una fila de tejas para sugerir un tejado donde no lo había. Hasta las palmeras parecían recortes de cartón sostenidos por palos.

Crucé el patio y me encontré en un vestíbulo con mucho vidrio y, a la derecha, una fila de buzones y timbres. A mi izquierda, a través de una sucesión de puertas de vidrio, cerradas al parecer, vi la puerta del ascensor y una salida que comunicaba con la escalera de incendios.



7 из 242