
La administradora, Tillie Ahlberg, ocupaba el apartamento número 1. En el número 9, que supuse estaría en el primer piso, vivía una tal «E. Boldt».
Pulsé primero el timbre de «E. Boldt». O mucho me equivocaba o la mujer contestaría por el interfono y mi trabajo terminaría allí mismo. Cosas más extrañas me habían sucedido en la vida y no quería pasar por una imbécil buscando en plan policía a una señora que muy bien podía estar en casa en aquellos instantes. Como no hubo respuesta, apreté el timbre de Tillie Ahlberg.
Al cabo de diez segundos crepitó su voz en el interfono como si procediera del otro mundo.
– Diga.
Pegué la boca a las ranuras del micro y levanté un poco la voz.
– Señora Ahlberg, me llamo Kinsey Millhone. Soy detective privada y trabajo aquí, en Santa Teresa. La hermana de Elaine Boldt me ha pedido que localice a ésta y me gustaría hablar con usted.
Hubo un momento de silencio y a continuación una respuesta a regañadientes.
– Está bien. Como quiera. Iba a salir, pero no creo que venga de diez minutos. Estoy en la planta baja. Cruce la puerta que hay a la derecha del ascensor, siga hasta el final del pasillo y doble a la izquierda. -Zumbó el abridor automático y empujé la puerta de vidrio.
Tillie Ahlberg había dejado entornada la puerta mientras cogía una chaqueta ligera, el bolso y un carrito plegable de la compra que estaba apoyado en la consola del recibidor. Golpeé en la jamba con los nudillos y apareció por mi izquierda. Entreví un frigorífico y un fragmento del fogón de la cocina.
