Emma contuvo la risa. "¿Qué planeas hacer?”

"Supongo que tendré que obligarlo a que yo le guste. "

"Digo yo, Belle, ¿es que estás interesada en ese hombre?”

"No, por supuesto que no," contestó Belle, demasiado rápidamente. "Solamente es que no entiendo por qué me encuentra tan repulsiva. "

Emma sacudió la cabeza, incapaz de creer este extraño giro de la conversación. "Bien, pronto tendrás la oportunidad de practicar tus artimañas con él. Con todos los hombres en Londres que han caído enamorados de ti sin la menor provocación ni esfuerzo por tu parte, no puedo concebir que no triunfes consiguiendo gustar a Blackwood si te pones a ello. "

"Hmmm," murmuró Belle. Alzó la vista. "¿Cuándo has dicho que viene a cenar?"


* * *

Blackwood puede que no hubiera nacido lord, pero provenía de una aristocrática, aunque empobrecida familia. Aunque John tenía la desgracia de ser el séptimo de siete hijos, una posición que casi garantizaba que ningún privilegio en su vida le sería servido en bandeja de plata. Sus padres, el séptimo Conde y Condesa de Westborough, no habían tenido la intención de descuidar a su hijo más joven, pero, después de todo, existían otros cinco hijos por delante de él.

Damien era el mayor, y como heredero, fue mimado y se le concedieron todas las prerrogativa que sus padres podían permitirse. Un año más tarde, vino Sebastián, y puesto que había poca diferencia de edad con Damien, fue capaz de compartir la mayor parte de las ventajas que conlleva el ser heredero de un condado. El conde y la condesa eran muy pragmáticos, y dado el alto índice de mortalidad infantil, eran conscientes de que Sebastián tenía bastantes posibilidades de convertirse en el octavo Conde de Westborough. Poco después, Julianna, Christina, y Ariana llegaron una tras otra, y cuando se hizo evidente a una temprana edad que las tres jóvenes se convertirían en bellezas, se les prestó mucha atención. Los matrimonios ventajosos podían ser de gran ayuda para llenar las arcas familiares.



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