
Finalmente el día anterior había decidido encargarse de explorar elperímetro desu propiedad cuandose topó con Lady Arabella Blydon. Había pensado en su encuentro con ella durante algún tiempo. Seguramente debería acercarse a Westonbirt y disculparse con ella por su grosero comportamiento. Dios sabía que ella no acudiría a Bletchford Manor
John se estremeció. Definitivamente iba a tener que pensar en un nuevo nombre para el lugar.
Era una residencia agradable. Y confortable. Lujosa sin llegar a ser palaciega, y podía ser fácilmente atendida por un reducido personal, lo cual era una suerte para él, puesto que no podía permitirse emplear a un gran número de criados.
Así que allí estaba. Vivía en un hogar de su única propiedad, no en un lugar que sabía que nunca sería suyo debido a la existencia de cinco hermanos mayores. Y tenía unos buenos ingresos; agradablemente mermados ahora que había comprado una casa, pero confiaba justificadamente en sus capacidades financieras después de sus éxitos recientes.
John comprobó su reloj de bolsillo. Eran las dos y media de la tarde, un buen momento para examinar algunos de los camposdel oeste y estudiar la posibilidad de cultivarlos. Deseaba convertir "el-inminentemente-rebautizado-con-un-nombre-menos-espantoso" Bletchford Manor en un lugar tan fructífero como fuera posible. Un rápido vistazo al exterior a través de la ventana le dijo que hoy no se repetiría el chaparrón del día anterior y abandonó su estudio, con la intención de subir a coger su sombrero.
No llegó muy lejos antes de que Buxton, el anciano mayordomo que adquirió junto con la casa, lo detuviera.
"Tiene una visita, milord," le anunció.
Sorprendido, John se detuvo. "¿Quién es, Buxton?"
