
John siguió el dedo de Buxton y entró en el cuarto, dejando la puerta respetablemente entreabierta. Belle estaba de pie cerca de una silla azul, examinando ociosamente un florero pintado a mano. Parecía sumamente encantadora y condenadamente animada con su vestido color rosa.
"Esto es una sorpresa," dijo él.
Belle levantó la mirada ante el profundo sonido de su voz. "Oh, hola, Lord Blackwood.” Echó un vistazo a su pelo ligeramente despeinado. "Espero no haberlo despertado. "
"No importa," mintió él.
"Pensé que tal vez no tuvimos un buen comienzo cuando nos conocimos. "
Él no dijo nada.
Ella tomó aire y continuó. "Bien. Bueno, pensé que debería darle la bienvenida a la vecindad. Le traje algo para desayunar. Espero que le gusten los bollos. "
John le dedicó una amplia sonrisa. "Adoro los bollos. Y llegan justo a tiempo."
Belle lo miró con el ceño fruncido ante su jocoso tono. Lo había despertado. "Traje un poco de mermelada para acompañarlos." Se sentó, preguntándose qué la había poseído para venir hasta aquí a una hora tan temprana.
John llamó para pedir un poco de té y café y luego se sentó frente a ella. Echó un ligero vistazo alrededor del cuarto. "Veo que no ha traído acompañante. "
"Oh, no, he traído conmigo a una criada, pero se ha marchado a visitar a sus criados. Le habría pedido a Emma que me acompañara, pero aún no se había levantado. Es temprano, ya sabe. "
"Lo sé. "
Belle tragó y prosiguió. "En realidad no creo que sea tan importante. Este no es Londres, después de todo, donde cada movimiento de uno es material para los chismosos. Y no es como si corriera peligro. "
Los ojos de John se deslizaron apreciativamente sobre sus formas decididamente femeninas. "¿No?”
Belle enrojeció y se enderezó en su silla. Lo miró directamente a los ojos y vio el honor acechando tras su fachada sardónica. "No, no lo creo," contestó con resolución.
