
"Estoy impresionado," dijo John. "¿Ha leído Otelo?”
Ella asintió.
"¿La Tempestad?”
"Sí. "
John se exprimió el cerebro rebuscando la obra Shakesperiana más ignota y desconocida que pudiera recordar. "¿Y el Peregrino Apasionado?”
"No es mi favorita, pero conseguí acabarla." Belle lo intentó pero no pudo detener la sonrisa que se extendía por su cara.
Él rió entre dientes. "Mis felicitaciones, Lady Arabella. Creo que ni siquiera he llegado a ver nunca una copia del Peregrino Apasionado. "
Belle sonrió ampliamente entonces, aceptando elegantemente el elogio, mientras su anterior antagonismo hacia el hombre se derretía. "¿No quiere unirse a mi un momento? " le preguntó, haciendo un gesto con la mano hacia la parte desocupada de la manta extendida bajo ella. "Todavía queda bastante de mi almuerzo, y estaría encantada de compartirlo con usted. "
Por un momento pareció como si él fuera a aceptar. Abrió la boca para decir algo, pero tan solo soltó un diminuto suspiro y la cerró.
Cuando finalmente habló, su tono era muy rígido y formal y lo único que dijo fue, "No, gracias." Retrocedió un par de pasos, alejándose de ella y volvió la cabeza de modo que se quedó mirando fijamente en dirección contraria a través de los campos.
Belle ladeó la cabeza y estaba a punto de decir algo cuando notó con sorpresa que él cojeaba. Se preguntó si había sido herido en la Guerra napoleónica. Un hombre intrigante, este John. No le importaría pasar un rato en su compañía. Y, tuvo que admitir, que verdaderamente era muy atractivo, de facciones duras y esculpidas, y de cuerpo esbelto y poderoso a pesar de su pierna herida. Sus ojos negros y aterciopelados mostraban una obvia inteligencia, pero también parecían velados por el dolor y el escepticismo. Belle, comenzaba a encontrarlo muy misterioso.
