A la institutriz de su sobrina. ¡A su sirvienta!

Todo el mundo sabía por qué estaban allí los invitados. Los criados siempre sabían esas cosas. Lo sabían incluso antes de que su señor regresara. Es posible, fantaseaba a veces Laura, que lo hubieran sabido incluso antes que el conde.

La señora Batters, el ama de llaves, que a veces tomaba el té con Laura por la tarde, le había dicho que el conde de Dearborne pensaba recibir a su futura, a su familia y a otros selectos invitados.

La honorable señorita Alice Hopkins iba a ser su prometida. Y era guapa, vivaracha y moderna. Todos los criados simpatizaban con ella, sobre todo porque hacía como si no existieran y en términos generales se comportaba como una gran señora debe comportarse.

– Pronto tendremos un ama en la casa -había dicho la señora Batters-. Ya era hora. La última se quedaba cinco minutos y se iba otra vez para ausentarse durante una larga temporada. Dentro de poco habrá criaturas en el cuarto de los niños, puede estar segura, mi querida señorita Melfort. Puede que la retengan a su servicio cuando lady Beatrice haya terminado su aprendizaje.

La idea le había gustado. Le había gustado. Pero ya no le gustaba.

Todos los días esperaba con cierto temor su aparición en el estudio y rezaba en silencio para que no se presentara. Y sin embargo, los raros días que no lo hacía, se sentía desanimada. Le parecía que el día había perdido parte de su luz. Temía sentir sus ojos clavados en ella cuando debería estar pendiente de su sobrina, y cuando no la miraba se sentía como una persona insignificante y sin valor.

Por la noche soñaba con él. Bueno, eso no era del todo exacto. No solía soñar con él cuando dormía. Pero se quedaba despierta cuando debería estar durmiendo y evocaba su aspecto, evocaba la curiosa claridad de sus ojos azules, evocaba cosas que le había dicho, evocaba su beso, el tacto de sus cuerpos unidos.

Deme amor. Recordaba haberle dicho aquellas palabras y sentía una profunda tortura al recordarlo. Recordaba su expresión de asombro y su respuesta. Deme amor. Se preguntaba cómo se sentiría él…



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