– Buenas tardes, Ellie -, respondió. -Confío en su día ha sido agradable.

– Oh, mucho, mi lord. Espero que se vuelva aún más agradable dentro de poco.

– Pequeña impertinente-murmuró Robert. Pero no lo dijo en serio. Más bien le gustaba la hermana menor de Victoria. Compartían un cierto pragmatismo y una inclinación para la planificación para el futuro. Si hubiera estado en su posición, habría estado exigiendo dos libras por salida.

– Oh, estás aquí, Robert.- Victoria llegó bulliciosa en la sala. -No me di cuenta que habías llegado.

Sonrió. -Eleanor abrió la puerta con presteza notable.

– Sí, supongo que lo hizo. -Victoria disparó a su hermana una mirada un poco sarcástico. -Ella siempre es muy rápida cuando tú estás llamando.

Ellie levantó la barbilla y se dejó una media sonrisa. -Me gusta cuidar de mis inversiones.

Robert se echó a reír. Extendió el brazo para Victoria. -¿Vamos a estar fuera?

– Sólo necesito conseguir un libro-, dijo Ellie. -Tengo la sensación de que voy a tener una gran cantidad de tiempo para leer esta tarde.- Ella se lanzó por el pasillo y desapareció en su habitación.

Robert miró a Victoria como ella se ataba el sombrero. -Te quiero-, Dijo.

Sus dedos se trabaron en las cintas del sombrero.

– ¿Debo decirlo más fuerte?-Susurró, una sonrisa maliciosa cruzó la cara.

Victoria sacudió la cabeza con vehemencia, con los ojos como dardos hacia la puerta cerrada del estudio de su padre. Él había dicho que Robert no la amaba, dijo que no podía amarla. Pero su padre estaba equivocado. De eso estaba segura Victoria. Bastaba con mirar los centellantes ojos azules de Robert a conocer la verdad.

– ¡Romeo y Julieta!

Victoria parpadeó y miró hacia el sonido de la voz de su hermana, pensando por un momento que Ellie se había referido a ella y a Robert como los amantes de la infortunada novela. Entonces vio el delgado volumen de Shakespeare en la mano de su hermana. -Una lectura bastante deprimente para una tarde de sol-, dijo Victoria.



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