Pasó rápidamente las páginas para buscar el resto del reportaje, que continuaba en la página diez, columna primera. La página entera estaba llena de artículos relacionados con la noticia. Junto a una fotografía escolar del niño, se relataba con todo detalle su repentina desaparición antes de iniciar su ruta de reparto hacía sólo una semana. El artículo explicaba que el FBI y la madre del chico habían estado esperando una petición de rescate que no llegó a producirse. Al final, el sheriff Morrelli había encontrado el cadáver junto al río.

Volvió al comienzo del párrafo. ¿Morrelli? Ah, era Nicholas Morrelli, no Antonio. Qué agradable, pensó, que padre e hijo compartieran la misma experiencia.

El artículo señalaba a continuación las similitudes con los asesinatos de otros tres niños, ocurridos en la misma comunidad hacía más de seis años, y cómo los cuerpos, degollados y apuñalados, habían sido encontrados días después en diferentes zonas recónditas de bosque.

El artículo, sin embargo, no mencionaba los detalles, no describía los elaborados cortes del pecho. ¿Acaso la oficina del sheriff confiaba en poder retener otra vez esa información? Movió la cabeza y siguió leyendo.

Empleó el cuchillo filetero para tomar un poco de mermelada y untarla en el panecillo chamuscado. Hacía semanas que el tostador no funcionaba bien, pero era mejor que bajar a la cocina y desayunar con los demás. Al menos, allí, en su cuarto, podía leer el periódico sin necesidad de trabar conversación.

La habitación era muy sencilla, de paredes blancas y suelo de madera. La pequeña cama individual apenas acomodaba su metro ochenta de estatura. Había noches en que acababa con los pies colgando por un extremo. Había incorporado la pequeña mesa de fórmica y las dos sillas, aunque no dejaba que nadie se sentara con él. Sobre el carrito del rincón descansaba la tostadora de segunda mano, un regalo de uno de los parroquianos. También había una placa eléctrica y un hervidor que usaba para hacerse el té.



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