Pataleó un poco; una sacudida, nada más. Creo que sabía que iba a morir. No se resistió mucho, ni siquiera cuando lo estaba follando -se interrumpió, miró al padre Francis y sonrió al ver perplejidad en su rostro-. Esperé a que muriera para acuchillarlo. No sintió nada, así que lo rajé una y otra vez. Después, volví a follarlo -ladeó la cabeza, repentinamente distraído. ¿Habría oído por fin la algarabía?

El padre Francis esperó. ¿Sería el martilleo de su corazón lo que Jeffreys oía? Como en un relato de Poe, aporreaba el pecho del viejo cura, traicionándolo tanto como sus manos.

– Ya me confesé una vez -prosiguió Jeffreys-, cuando ocurrió, pero el cura… Digamos que se sorprendió un poco. Ahora me confieso a Dios, ¿entiende? Confieso que maté a Bobby Wilson -seguía rasgando la camisa con movimientos rápidos y enérgicos-. Pero no me cargué a los otros dos niños, ¿me oye? -elevó la voz-. No maté a los pequeños Harper ni Paltrow -calló un momento; después, torció despacio los labios a modo de sonrisa burlona-. Pero eso Dios ya lo sabe, ¿verdad, padre?

– Es cierto que Dios sabe la verdad -dijo el padre Francis, tratando de sostener la mirada de aquellos gélidos ojos azules, pero se arredró y bajó otra vez la cabeza. ¿Y si sus propios remordimientos se reflejaban en sus ojos?

– Quieren ejecutarme porque me tienen por un asesino en serie que mata a niños pequeños -masculló Jeffreys-. Maté a Bobby Wilson y disfruté haciéndolo; puede que hasta merezca morir por eso. Pero Dios sabe que no maté a esos otros dos niños. Ahí fuera, en alguna parte, padre, anda suelto un monstruo -otra mueca-. Y es aún más abominable que yo.

Se oyó un ruido metálico al final del pasillo. El padre Francis se sobresaltó y la Biblia se le cayó al suelo. En aquella ocasión, Jeffreys no se rió. Sostuvo la mirada del condenado, pero ninguno de los dos hizo ademán de recoger el libro sagrado. ¿Iban a llevarse a Jeffreys? Parecía demasiado pronto, aunque nadie esperaba un aplazamiento de la ejecución.



4 из 325