Al resplandor de la hoguera, aquella noche mi madre me contó que ella misma en cierta ocasión había escuchado una especie de música que salía de lo más hondo de la sima de agua, una música elaborada con maderas y metales desconocidos. Abandonando de repente el silencio, Adán pronunció por primera vez el nombre del paraíso. Era el edén. En ese momento, yo estaba casi dormido y confundí el sonido de esa palabra con el dulce peso de los párpados, y entonces Eva comenzó a acunarme en su regazo balanceando el tronco y a acariciarme una mejilla templada al calor de las brasas mientras me susurraba esta nana al oído. En el paraíso también había hormigas gigantes que sacaban oro y piedras preciosas de las entrañas de la tierra. Duérmete, Caín. Duérmete, mi niño. En la jugosa pradera de aquella umbría se posaban aves multicolores, alciones de anchas plumas, patos de cuello variopinto, rojos faisanes, y los monos producían un ruido ensordecedor. Lirio de los valles, carne de azucena, mi niño quiere dormir. Allí crecían mirtos, violetas, laureles en los sotos de esmeralda y en lo alto de una colina había un gran manzano solitario que era el árbol del bien y del mal. Caín ya duerme.

En el primer oasis de mi memoria, aquella noche tuve un sueño. Vi la caída de los ángeles. Eran ascuas perdidas en el cielo que se fugaban de Dios, y en la tierra también vi a mis padres dando vueltas en el jeroglífico de las dunas en compañía de una cabra y una mona, lejos ya del edén. Dios lo ahuyentaba todo de sí, y en mitad de las tinieblas sentí que me llamaba ladrándome como un chacal para revelarme un destino semejante: huir siempre y ser feliz sin esperar nada. El chacal insomne no cesó de ladrar hasta la madrugada y en un lenguaje cifrado me dijo: alas te voy a dar, Caín, y con ellas el mar infinito y otros continentes podrás sobrevolar sin fatiga. Al son de la flauta llevarás mi mensaje por todo el mundo. Muchachas de trenza dorada te cubrirán de rosas en los banquetes y aunque mueras, serás inmortal. Un carro de fuego te arrebatará para elevarte a las esferas.



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