
– Lo que no entiendo es cómo puedes hacer eso de jugar con muertos cada día de tu vida.
Jack cogió el martini, a punto de decir que al menos los muertos no se quejan ni plantean problemas. Pero esperó y pensó un momento. Luego contestó:
– No lo sé. Realmente no lo sé.
Bebió un trago, se puso una aceituna en la boca, la masticó y tomó otro trago. «Jesús, qué bueno.»
– Tengo entendido que no les ponéis bragas a las mujeres para meterlas en la caja.
– ¿Quién te ha dicho eso?
– No sé, lo oí una vez.
– Las vestimos hasta los pies. Los zapatos, depende; pero todo lo demás se lo ponemos.
Mario alzó el vaso de Jack para ponerlo sobre un posavasos nuevo.
– ¿Has tenido alguna vez una chica realmente guapa, quiero decir con un cuerpo perfecto, y… ya sabes, has tenido que hacerle todas esas cosas?
– Ahora ya no te parece tan mal, ¿eh?
– Aun así, sería incapaz de hacerlo.
– ¿Sabes lo que es peor? Cuando te llega un cadáver, lo miras, y de repente te das cuenta de que se trata de un individuo que era amigo tuyo.
– Eso impresiona, ¿no? Alguien conocido…
– Incluso si hace tiempo que no has visto a esa persona. Como el fulano de hoy. Lo veo allí tendido y no me lo creo. No sólo está muerto, sino que es ocho años más viejo que la última vez que lo vi. ¿Entiendes lo que quiero decir? Es otra persona. Lo miro, era un individuo que se llamaba Buddy Jeannette, lo conozco, pero no lo conozco. No sé qué ha hecho, ni dónde ha estado.
– ¿De qué ha muerto?
– Mira, el caso es que ese tipo era algo más que un amigo. Cuando lo conocí, la primera vez que lo vi, hizo que cambiara por completo mi jodida vida.
– ¿Qué era, una especie de cura?
– Era un ladrón de hoteles.
– ¡No jodas!
– Ya sabes que yo estuve preso.
– Sí, una vez lo mencionaste.
– Bueno, pues antes de eso, cuando conocí a ese tipo… Espera, antes tengo que explicarte algo. Justo cuando salí de la escuela trabajé en la Maison Blanche, y me sacaban en los anuncios. Decían que era la talla cuarenta perfecta, que tenía buena dentadura, que les gustaba mi pelo… Pero lo dejé porque era una mierda tener que estar allí, bajo todos aquellos focos. Luego, en esa época de que te hablo…
