– Estuve a punto de casarme con esa Maureen Mullen.

– ¿Ah, sí?

– Bueno, no sé. Todo el mundo lo esperaba, en nuestras familias. Supongo que me sentí presionado, o que no me preocupaba el futuro. Así que me escapé.

Ella le miró y sonrió. Luego volvió a mirar hacia la carretera y dijo:

– A mí casi me pasó lo mismo, estuve en una situación parecida. Me desperté en mi propia fiesta de prometida.

– ¿De veras?

– Mi familia y la de él estaban a punto de fijar la fecha de nuestra boda.

– ¿Y se sintió presionada?

– Desde luego. Pensé: «Un momento. Yo no quiero esto de casarme y asociarme a un montón de clubes.» Supongo que, a mi manera, también me escapé. De repente todo quedó desmontado.

Jack apoyó un brazo en el respaldo del asiento y la miró de reojo. Tenía una nariz magnífica. Joder, y uno de esos labios superiores que invitan a morder. Su nariz no era tan fina y delicada como la de Helene, pero era preciosa. Le gustaba su cabello oscuro. El pelo rojo también le gustaba mucho, pero no desordenado como lo llevaba ahora Helene.

– ¿Y qué fue de ese hombre con quien no se casó?

– Conoció a otra. Es un neurólogo bastante conocido.

– ¿De veras? Maureen se casó con un urólogo.

Aquella hermana Lucy no parecía en absoluto una monja; parecía rica. Llevaba una blusa fina a rayas blancas y beige, como una camiseta, debajo de la chaqueta de lino. Llevaba, pensó Jack, unos trescientos dólares en ropa. Le hubiera gustado preguntarle por qué se había hecho monja.

Curiosamente, cuando pensaba eso, ella le miró y dijo:

– ¿Cómo es que se dedica al negocio de la funeraria?

– En realidad no me dedico a eso. Sólo ayudo a mi cuñado de vez en cuando. Es el marido de mi hermana.

– ¿Y qué otra cosa preferiría hacer?

Jack se puso más tieso.

– Eso es difícil de contestar. No he hecho demasiadas cosas que me parezcan interesantes, y la mataría de aburrimiento. -Esperó, preguntándose si debía explicárselo, y luego se decidió sin saber la razón-. Salvo una profesión en la que me metí cuando me escapé del matrimonio. Desde luego, eso no tenía nada de aburrido.



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