
– Parece que tenemos un asunto delicado.
Leo se dio la vuelta para controlar la presión de la máquina Porti-Boy.
Jack sabía que debía irse inmediatamente; pero se quedó mirando a Buddy.
– ¿Qué le pasó a esa persona que iba con él?
– ¿Quieres decir a la joven que no era su esposa? Lo mismo que a tu amigo -explicó Leo-. Causa de la muerte, heridas múltiples. Escoge la que quieras. Me sorprende que no hicieran una lista en el depósito de cadáveres. Lo único que hicieron fue sacarles sangre.
»La joven está en Lakeview. ¿Sabes dónde quiero decir? En Metairie, un edificio nuevo. Deben de celebrar lo menos doscientos funerales al año. La señora Jeannette pidió que a tu amigo lo trajesen aquí. Pero parece que tú no la conoces.
– No la conozco. Ni siquiera sabía que se había casado.
– ¿Y la amiga?
– ¿Te refieres a la que estaba con él? ¿Qué intentas averiguar Leo?
– Tú conoces a muchas chicas. Simplemente, pensaba que podías conocer a la que estaba en el coche.
– Explícame por dónde vas.
– Estamos hablando de mujeres, Jack. ¿Dónde puede uno conocerlas hoy en día? -Leo se metió en la cabina de la Porti-Boy-. Tengo entendido que el bar Bayou, el del Pontchartrain, no está mal.
– Es verdad.
Leo se encaró hacia Buddy Jeannette con un trocar de cuarenta centímetros, un tubo cilíndrico de bronce cromado, con un mango en un extremo y una punta de bisturí en el otro.
– Estuviste allí hace unos días, ¿no?
– Leo, no empieces con el trocar todavía, ¿vale? Aclaremos esto. ¿De qué día estás hablando?
– Esta semana has trabajado tres noches, o sea que debió de ser el lunes. Creo que hacia las seis.
Jack asintió, pero sin admitir nada con énfasis, con su conciencia diciéndole que era inocente.
– Ajá; ¿y con quién estaba?
– Sabes muy bien con quién estabas -dijo Leo. Cogió un trozo de tubo de plástico conectado a un aspirador metálico que había en el fregadero y empalmó el tubo con el mango del trocar-. ¿Vas a decirme que no estabas con ella? ¿Con una chica a la que se puede reconocer a más de un kilómetro por su pelo rojo?
