
– Hoy me toca abrir, de modo que a Lynn le toca cerrar -Lynn Hill es mi ayudante de dirección en Great Bods-, así que me voy a ir de compras esta misma tarde -le dije a mamá-. Compras en plan serio. ¿Alguna sugerencia?
Mencionó unas pocas tiendas y colgamos. Imaginé que hablaríamos varias veces durante el transcurso del día y que me tendría informada de cómo iba el reclutamiento. Mis hermanas, Siana y Jenni, tendrían que entrar en combate, eso seguro.
Mi objetivo inmediato era simple: encontrar volando un vestido, y así disponer de tiempo suficiente para hacer cualquier modificación, en caso necesario. No estoy hablando de un vestido de novia de cuento de hadas; ya usé uno de esos cuando me casé la primera vez, y no funcionó: no fue un cuento de hadas. Lo que quería esta vez era algo sencillo y clásico que aparentara valer un millón de pavos y que dejara a Wyatt casi ciego de deseo. Eh, sólo el hecho de que durmiéramos juntos no era motivo para renunciar a una noche de bodas memorable, ¿de acuerdo?
Tenía que haber una manera de mantener a Wyatt a raya durante el próximo mes, para asegurarme de que el deseo le cegaba por completo. Hasta ahora, de todos modos, en lo relativo a Wyatt, yo no podía decir que saliera muy airosa en el apartado de mantenerle alejado. Sabe cómo vencer mis pocas y penosas defensas, sobre todo porque a mí sí que me ciega el deseo por él.
