Pensé en la posibilidad de que se fuera a vivir con su madre durante este tiempo. Eso representaría un obstáculo en sus expectativas sexuales, aunque era perfectamente capaz de secuestrarme y llevarme a su guarida para una noche de desenfreno extasiado. Dios, me encanta este hombre.

Se me ocurrió pensar entonces que si él no podía mantener relaciones, yo tampoco. Pasar un mes entero sin él… tal vez fuera capaz de conseguir que me secuestrara más de una vez.

¿Lo veis? Soy lamentable, de verdad, algo de lo que él se ha aprovechado más de una vez.

Oh, Dios, parecía que las próximas semanas iban a ser divertidas.


Wyatt me llamó al móvil a primera hora de la tarde. Yo estaba en medio de una tanda intensiva de ejercicios -como dueña de Great Bods tengo que mantenerme en forma o la gente pensaría que no es un sitio demasiado recomendable-, pero paré para atender la llamada, no porque supiera que se trataba de Wyatt, porque no lo supe hasta que vi su número identificado en la pantalla, sino porque mamá podría estar llamando, con toda la actividad que se había iniciado esa mañana.

– Creo que podré salir a la hora, por una vez -dijo-. ¿Quieres que vayamos a cenar?

– No puedo, tengo que ir de compras -contesté mientras entraba en la oficina y cerraba la puerta.

Wyatt sentía por las compras el respeto habitual en un hombre, es decir, cero patatero.

– Puedes hacer eso después, ¿verdad que sí?

– No, porque no hay después.

Se hizo un silencio, porque cada vez que suelto frases de ese tipo, él hace una pausa, como si buscara significados o ardides ocultos. Da gusto ver la atención que me ha prestado, a mí y a mis métodos.

Finalmente dijo:

– Si el final está próximo, ¿por qué molestarse en ir de compras?

Entorné los ojos pese a que no podía verme.



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