Por aquella época, Leeann Gris había sido transferida a Yosemite. Cal y ella se habían conocido cuando los dos trabajaban en el Parque Nacional de las Montañas Rocosas. Pero a Cal lo destinaron a los pocos meses a Yosemite. La relación afectiva que había entre ellos quedó truncada y se quedaron con la duda de lo que podría haber llegado a suceder.

Cuando Cal volvió a verla unos años después, ya estaba integrado plenamente en su trabajo y disfrutaba de su profesión. Comenzaron a salir de nuevo juntos y una cosa llevó a la otra… Leeann era una mujer morena muy atractiva y de su misma edad. Compartía además su amor por la naturaleza. Llegó en el momento adecuado y se casaron.

Cal no había vuelto a ver a Alex Harcourt desde el día de su boda con Leeann, pero la sola mención de aquel cuadro le hizo recordar su imagen de inmediato. En ese instante y sin saber por qué, llegó a la conclusión de que ella había sido la que había elegido ese cuadro para regalárselo.

Jeff apareció de nuevo en la puerta, devolviéndole al presente.

– ¿Dónde quieres que te ponga esta caja que pone «cosas personales»?

La caja, además de las fotos de su boda con Leeann, contenía algunas otras con sus compañeros en diversas zonas del parque.

– Ponlas con las otras, en el cuarto de invitados. Un día de éstos lo organizaré.

Recogió las cajas vacías y se dirigió a la puerta mientras Jeff salía de otra habitación, cargado con unos objetos.

– ¡Se acabó el trabajo por hoy! -exclamó Cal después de dejar las cajas en la parte de atrás de la camioneta-. Ahora que ya hemos hecho la mudanza, salgamos un rato. ¡Tengo un hambre de lobo!



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