
Había una docena en total, incluyendo a Brittney, la preciosa niña de siete años de los Farrell. Nada más ver al perro, acudieron todos corriendo. Brody King, de trece años, encabezaba el grupo, seguido de Nicky Rossiter y de Roberta, la hija de Chase.
– Hola, chicos -dijo Cal-. ¿Queréis conocer a mi nuevo perro? Se llama Sergei.
– ¡Es muy guapo! -exclamó Brody, el mayor del grupo, rascándole la cabeza.
El resto de los chicos se arremolinó alrededor, esperando poder tocar también al animal.
– Señor, ¿cómo dijo que se llamaba? -preguntó Nicky con su simpatía habitual.
– Sergei. Es un nombre ruso.
– ¡Qué rico! -afirmó Roberta con un cierto tono maternal en la voz-. ¿De qué raza es?
– Es un perro oso de Carelia -respondió Cal.
– ¿Lo trajo de Rusia? -preguntó Brody.
– No, nació aquí, pero es hijo de un campeón criado en Finlandia.
– ¿Y por qué no escogió usted un perro americano? -dijo Nick con cara de enfado.
Cal trató a duras penas de contener la risa.
– Porque éste está adiestrado para ahuyentar a los osos.
Al oír eso, todos los niños se pusieron a aplaudir y vitorear a Sergei, diciendo que ellos también querían tener un perro como ése.
– Me alegro de que viva al lado de mi casa -dijo Brittney.
– Pero es mucho más pequeño que una osa madre -observó Nicky.
– Sergei no necesita ser grande. Su trabajo es de pastor, sólo que de osos en vez de ovejas.
– ¿Cómo?
– Cuando haya aprendido a seguir el rastro de un oso, me servirá de mucha ayuda cuando se nos informe de la presencia de uno de esos animales en una zona de acampada. Lo llevaré allí sujeto con la correa y Sergei nos indicará con su olfato si el oso sigue allí, aunque ninguno de nosotros pueda verlo. Sergei no es un perro de caza, pero no le tiene miedo a nada. Su misión principal es hostigar al oso y asustarle con sus ladridos para que no vuelva a acercarse más a ese campamento. No se necesita tener un perro muy grande para hacer eso.
