¿A cuánta gente habría contagiado Frances? ¿Cuánta gente caminaba con aquel hechizo que les robaba poco a poco la energía? Cualquiera con un mínimo de poderes sabría que había ocurrido algo, pero no exactamente qué. Habían evitado a Frances Norton porque les había herido, pero podrían tardar semanas o meses en darse cuenta de que el cansancio, los vagos sentimientos de desesperación y la depresión estaban causados por un hechizo.

Empecé a contarle lo que me disponía a hacer, pero no me molesté en mirarle a los ojos Sólo se pondría tensa y más nerviosa. Lo mejor que podía hacer era conseguir que le resultase indetectable. Intentaría asegurarme de que no sintiera cómo se deslizaba de nuevo en su interior, pero eso era todo lo que estaba en mi mano.

En los breves momentos de contacto con mi piel, el hechizo se había hecho más denso, más negro, más real. Empecé a quitármelo del brazo. Se adhería como alquitrán, y requirió mucha concentración retirarlo, doblándolo sobre sí mismo de la forma en que se arremanga la ropa gruesa. Cada centímetro de mi piel que liberaba se sentía más brillante, más limpio. No podía imaginarme vivir totalmente encerrada en aquella cosa. Sería igual que pasar la vida entera medio desmayada y privada de oxígeno, confinada en un cuarto oscuro al que nunca llegara la luz.

Había liberado el brazo, la mano, y empecé a apartar lentamente mis dedos de entre los suyos. Ella permanecía completamente inmóvil como un conejo que se esconde entre la hierba, aferrado a la esperanza de que el lobo se aleje de él si consigue quedarse lo bastante quieto. Lo que no creo que observara Frances Norton es que ya estaba bajando por la garganta del lobo, dando patadas al aire con sus piernecitas.

Cuando aparté los dedos, el hechizo se pegó a ellos, pero a continuación volvió a su lugar, en torno a ella, con un sonido casi inaudible. Me limpié la mano en la chaqueta. Me había librado del hechizo, pero sentía la apremiante necesidad de lavarme la mano con agua bien caliente y mucho jabón. El agua y el jabón normales no serían suficientes, pero la sal y el agua bendita quizá resultaran de ayuda.



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