
La gente cree que los fantasmas persiguen a sus verdaderos asesinos, pero esto es absolutamente falso. Los fantasmas tienen un interesante sentido de la justicia, así que podría darme por satisfecha si se limitaban a acecharme hasta que encontrara a alguien para colocarlos. Si es que se podían colocar. A veces, los espíritus eran más resistentes. Entonces podías acabar cargando con un espíritu familiar como un alma en pena que anuncia la muerte. Dudaba de si alguna de las dos mujeres tenía aquella fortaleza de carácter, pero me habría servido que lo tuviera. Era mi propio sentido de culpabilidad lo que me hacía regresar al despacho, y no el miedo a represalias de fantasmas. Hay gente que dice que los duendes no tienen alma ni sentido de responsabilidad personal. Para algunos esto es verdad, pero no lo era para Jeremy ni para mí. A veces, puede más la compasión.
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Naomi Phelps llevaba la voz cantante mientras Frances permanecía sentada y no paraba de temblar. Nuestra secretaria le llevó café caliente y una mantita. Sus manos temblaban tanto que vertió café en la mantita, pero consiguió tomarse algo y, fuera por el calor o por la cafeína, tenía mejor aspecto.
Jeremy había llamado a Teresa para que escuchara a las mujeres. Teresa era nuestra vidente. Medía casi uno ochenta y era delgada, con pómulos marcados, cabello negro largo y sedoso y una piel color café con leche. La primera vez que la vi, me di cuenta de que tenía sangre de sidhe, así como afro americana y parte de sangre de hada que no había estado en la corte. Esto último explicaba las orejas ligeramente puntiagudas. Muchas aspirantes a hadas se implantan cartílago para hacer sus orejas puntiagudas, se dejan crecer el pelo hasta los tobillos y se hacen pasar por sidhe. Pero ningún sidhe de pura sangre ha tenido nunca orejas en punta. Es una seña de mezcla de sangre. Sin embargo, hay aspectos del folklore que están más arraigados. Para una gran mayoría de gente, un sidhe puro debe tener las orejas en punta.
