
— No — dijo Bill, un poco asombrado ante su propia firmeza de mente —. En realidad no lo deseo. Como Operador Técnico en Fertilizantes…
— Y no solo recibirá este bello uniforme, una paga de alistamiento y un examen médico gratuito, sino que también se le concederán estas magníficas medallas. — El sargento tomó una caja plana que le ofrecía un robot, y la abrió para mostrar un deslumbrante conjunto de pasadores y cintas —. Esta es la Honorable Medalla del Alistamiento — entonó con voz grave, clavando una nebulosa incrustada de joyas, colgando de una ancha banda de color chartreuse en el amplio pecho de Bill —. Y el Cuerno Chapado de Congratulaciones del Emperador, la Explosión Solar de Adelante Hacia la Victoria, la Alabemos a las Madres de los Victoriosos Caídos, y la Cornucopia que Siempre Mana, que no significa nada pero que luce bonita y puede ser usada para llevar anticonceptivos. Dio un paso atrás y admiró el pecho de Bill, que ahora estaba repleto de tiras, metal brillante y deslumbrantes joyas de plástico.
— Es que no puedo — dijo Bill —. Gracias de todas formas por la oferta, pero…
El sargento sonrió, preparado hasta para esta resistencia de última hora, y apretó el botón de su cinto que ponía en funcionamiento la grabación hipnótico programada en el interior del tacón de la bota de Bill. La potente corriente neural surgió por los contactos, y la mano de Bill saltó y se agitó, y cuando la momentánea neblina se alzó de su vista vio que había firmado con su nombre.
— Pero…
— Bienvenido a las Tropas Especiales — voceó el sargento, dándole una palmada en la espalda (como una roca) y recuperando su pluma —. ¡A formar! — gritó con voz más fuerte, y los reclutas surgieron tambaleantes de la taberna.
— ¡Qué le han hecho a mi hijo! — gimió la madre de Bill, apareciendo en la plaza del mercado, apretándose el pecho con una mano y arrastrando a su hijo pequeño Charlie con la otra. Charlie comenzó a llorar y orinarse en los pantalones.
