
– Soy pelirroja. Nadie de mi familia tiene el cabello rojo. Y mi madre reconoció que…
– Tu madre no dejó nada escrito.
– Pero el ADN…
– Si todas las familias reales europeas se sometieran a una prueba de ADN, tendrían un serio problema -dijo Erhard-. Tu madre se casó muy joven y tuvo un matrimonio sin amor, pero eso es algo habitual. Tus padres están muertos. No hay ninguna prueba.
– Julianna parece de la realeza.
– ¿Tú crees? -dijo Erhard sonriendo con picardía-. Tampoco hay ninguna prueba que lo demuestre, y nadie se atreverá a pedir una muestra de ADN. Así que la solución ha de venir por parte de la ley. De acuerdo a la jurisdicción internacional, los reinos de Alp de Montez constituyeron un comité de expertos imparciales para resolver eventualidades como la actual. Ellos deciden quién tiene derecho a heredar la corona. Como te dije en la carta, Rose, Julianna se ha casado con Jacques St. Ivés y ambos han presentado un argumento sólido para heredar. Dicen que, de vosotros tres, ella es la única que vive en el país y que, además, está casada con alguien que lo conoce a la perfección. Tú, Rose, te fuiste hace casi quince años y eso supone un grave obstáculo. El jurado votará a favor de Julianna a no ser que presentemos otra alternativa -Erhard guardó silencio como si no quisiera continuar. Pero todos sabían que debía hacerlo-. Rose, igual que hay dudas respecto a tu nacimiento también las hay respecto al de Julianna -dijo finalmente-, y el comité lo sabe. El matrimonio de tus no se caracterizó por la felicidad. Tú eres la primogénita, y tras vosotras dos viene Nikolai, cuya madre era de sangre real. Después de darle muchas vueltas, la única solución posible es que los dos os presentéis como uno. Juntos, podéis derrotar a Julianna. Una pareja formada por la primera y el tercero en la línea de sucesión tiene más derecho al trono que ella.
Al ver que Rose no parecía especialmente sorprendida, Nick dedujo que Erhard le había contado el plan por escrito. Rose miró el champán durante unos segundos.
