
– Parece ser que me necesitan -continuó, pensando cada una de sus palabras-. Cuando he leído la carta por primera vez he pensado que se trataba de una locura, pero ahora no estoy tan segura. Al menos no me parece una mayor locura que vuestra propuesta. En cualquier caso, tengo que enterarme de qué se trata. Voy a ir a Londres a averiguar si he heredado un trono.
Capítulo 2
Nick había elegido un buen restaurante para la reunión. Se trataba de un local antiguo revestido de roble, con manteles de lino y discretos reservados donde se podía charlar cómodamente.
En cuanto Nick entró, Walter, el encargado, acudió a recibirlo.
– Buenas noches, señor de Montez -al ver que Nick vestía zapatillas deportivas y una chaqueta de pana sonrió-. Veo que viene con espíritu de vacaciones.
Nick, que no solía tomarse vacaciones, pensó que tal vez era la mejor forma de referirse a lo que podía llegar a pasar. Sólo ocasionalmente viajaba a Australia a visitar a su madre adoptiva, Ruby, a la que llamaba cada domingo. También esquiaba de vez en cuando con algún cliente, pero por lo demás, Nick vivía para el trabajo. Lo único que identificaba aquella noche como de ocio era su informal indumentaria.
Walter lo condujo hasta el reservado que usaba habitualmente. Erhard se le había adelantado y Nick lo estudió detenidamente cuando se levantó para saludarlo. El anciano parecía frágil y delicado; tenía el cabello y las cejas blancas y vestía un oscuro traje muy formal.
– Siento no haber estado aquí para darte la bienvenida -dijo Nick, y se arrepintió de la selección de ropa que había hecho-. Y siento esto -añadió, señalándose.
– ¿Pensabas que Rose-Anitra se sentiría incómoda con algo más elegante? -preguntó Erhard, sonriendo.
– Así es -admitió Nick.
Días atrás, Erhard le había proporcionado una fotografía de Rose tomada por un detective privado.
