Evitó mirar al Mago. Sus ojos se fijaron en la ciudad con sus chimeneas humeando. Era a través del amor como todos procuraban entender el universo desde el comienzo de los tiempos.

– Yo abandonaría -dijo finalmente.

Aquel hombre que estaba frente a ella jamás entendería lo que pasaba en el corazón de las personas. Era un hombre que conocía el poder, los misterios de la magia, pero no conocía a las personas. Tenía los cabellos grisáceos, la piel quemada por el sol, el físico de quien está acostumbrado a subir y bajar aquellas montañas. Era encantador, con unos ojos que reflejaban su alma, llena de respuestas, y debía estar una vez másd ecepcionado con los sentimientos de los seres humanos comunes. Ella también estaba decepcionada consigo misma, pero no podía mentir.

– Mírame -dijo el Mago.

Brida estaba avergonzada. Pero, aun así, miró. -Has dicho la verdad. Te enseñaré.

La noche cayó por completo y las estrellas brillaban en un cielo sin luna. En dos horas, Brida contó su vida entera a aquel desconocido. Intentó buscar hechos que explicasen su interés por la magia -como visiones en la infancia, premoniciones, llamadas interiores-, pero no consiguió encontrar nada. Tenía ganas de conocer, y eso era todo. Y por este motivo había frecuentado cursos de astrología, tarot y numerología.

– Esto son apenas lenguajes -dijo el Mago- y no son los únicos. La magia habla todos los lenguajes del corazón del hombre.

– ¿Qué es la magia, entonces? -preguntó ella.

A pesar de la oscuridad, Brida percibió que el Mago había girado el rostro. Estaba mirando al cielo, absorto, quién sabe si en busca de una respuesta.

– La magia es un puente -dijo, finalmente-. Un puente que te permite ir del mundo visible hacia el invisible. Y aprender las lecciones de ambos mundos.



7 из 158