– Y, ¿cómo puedo aprender a cruzar ese puente? -Descubriendo tu manera de cruzarlo. Cada persona tiene su manera.

– Fue lo que vine a buscar aquí.

– Existen dos formas -respondió el Mago-. La Tradición del Sol, que enseña los secretos a través del Espacio, de las cosas que nos rodean. Y la Tradición de la

Luna, que enseña los secretos a través del Tiempo, de las cosas que están presas en su memoria.


Brida había entendido. La Tradición del Sol era aquella noche, los árboles, el frío en su cuerpo, las estrellas en el cielo. Y la Tradición de la Luna era aquel hombre frente a ella, con la sabiduría de los antepasados brillando en sus ojos.

– Aprendí la Tradición de la Luna -dijo el Mago, como si estuviese adivinando sus pensamientos-. Pero jamás fui un Maestro en ella. Soy un Maestro en la Tradición del Sol.

– Muéstreme la Tradición del Sol -dijo Brida, desconfiada, porque había presentido una cierta ternura en la voz del Mago.

– Te enseñaré lo que aprendí. Pero son muchos los caminos de la Tradición del Sol.

"Es preciso tener confianza en la capacidad que cada persona tiene de enseñarse a sí misma."

Brida no estaba equivocada. Había realmente ternura en la voz del Mago. Aquello la asustaba, en vez de tranquilizarla.

– Soy capaz de entender la Tradición del Sol -dijo. El Mago dejó de mirar a las estrellas y se concentró en la chica. Sabía que ella todavía no era capaz de aprender la Tradición del Sol. Aun así, debía enseñarla. Ciertos discípulos eligen a sus Maestros.

– Quiero recordarte una cosa, antes de la primera lección -dijo-. Cuando alguien encuentra su camino, no puede tener miedo. Tiene que tener el coraje suficiente para dar pasos errados. Las decepciones; las derrotas, el desánimo, son herramientas que Dios utiliza para mostrar el camino.

– Herramientas extrañas -dijo Brida-. Muchas veces hacen que las personas desistan.



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