
El Mago conocía el motivo. Ya había experimentado en su cuerpo y alma estas extrañas herramientas de Dios. -Enséñeme la Tradición del Sol -insistió ella.
El Mago pidió a Brida que se recostara en un saliente de la roca y se relajara.
– No necesitas cerrar los ojos. Mira el mundo a tu alrededor y percibe todo cuanto puedas percibir. A cada momento, ante cada persona, la Tradición del Sol muestra la sabiduría eterna.
Brida hizo lo que el Mago le mandaba pero pensó que estaba yendo muy rápido.
– Ésta es la primera y más importante lección -dijo él-. Fue creada por un místico español, que entendió el significado de la fe. Su nombre era Juan de la Cruz.
Miró a la chica, entregada y confiada. Desde el fondo de su corazón, imploró que ella entendiese lo que iba a enseñarle. A fin de cuentas, ella era su Otra Parte, aun cuando todavía no lo supiera, aun cuando todavía fuese demasiado joven y estuviera fascinada por las cosas y por las personas del mundo..
Brida llegó a ver, a través de la oscuridad, la figura del Mago entrando en el bosque y desapareciendo entre los árboles que había a su izquierda. Tuvo miedo de quedarse sola allí y procuró mantenerse relajada. Ésta era su primera lección: no podía mostrar ningún nerviosismo.
"Él me aceptó como discípula. No puedo decepcionarlo."
Estaba contenta consigo misma y al mismo tiempo sorprendida por la rapidez con que todo había sucedido. Pero jamás había dudado de su capacidad -estaba orgullosa de ella-, y de lo que la había llevado hasta allí. Estaba segura de que, desde algún lugar de la roca, el Mago estaba observando sus reacciones, para ver si era capaz de aprender la primera lección de magia. Él había hablado de coraje, pues, hasta con miedo -en el fondo de su mente comenzaban a surgir imágenes de serpientes y escorpiones que habitaban aquella roca-, ella debía demostrar valor. Dentro de poco él volvería, para enseñarle la primera lección.
