
– Esta ciudad es preciosa -dijo Charity mientras cruzaban la calle en dirección al restaurante de la esquina. Bordearon una boca de alcantarilla donde dos mujeres obreras estaban preparando su equipo de trabajo.
– Es tranquila -murmuró Marsha-. Demasiado tranquila.
– Y ésa es una de las razones por las que me contrataste -Charity sonrió-. Para traer a la ciudad negocios y empleo.
– Exacto.
– He pensado en algunas ideas -le dijo Charity, sin estar segura de si se trataba de un almuerzo de trabajo o un almuerzo social para conocerse mejor.
– ¿Cuántas de ellas serán dirigidas y desempeñadas principalmente por hombres?
Charity se detuvo delante del restaurante preguntándose si había entendido bien la pregunta de la alcaldesa.
– ¿Cómo dices?
Los azules ojos de Marsha danzaron con diversión.
– Te he preguntado por los hombres. Oh, no te asustes. No es por mí, es por la ciudad. ¿No te habías fijado?
Charity sacudió la cabeza lentamente, preguntándose si la alcaldesa se había dado un golpe en la cabeza o estaba tomando una medicación de efectos cuestionables.
– ¿Fijarme en qué?
– Mira a tu alrededor -le dijo la alcaldesa-. Muéstrame dónde están los hombres.
Charity no tenía la más mínima idea de qué estaba hablando.
– ¿Hombres… hombres?
Detenidamente, examinó la calle que las rodeaba. Había dos obreras, una mujer con un uniforme de cartero repartiendo correo y una joven pintando un escaparate.
– No veo ninguno.
– Exacto. Fool's Gold tiene una grave escasez del hombres. Es parte de los motivos por los que te contraté. Para que traigas más hombres a nuestra ciudad.
Dos
El restaurante Fox and Hound era como una versión americana de un clásico pub inglés. Bancos, una larga barra de madera y grabados de caza ingleses en la pared. A Charity le pareció un lugar encantador y más tarde, cuando pudiera observarlo más detenidamente, no se le escaparía ningún detalle del local. Ahora lo único que podía hacer era seguir a la alcaldesa hasta una mesa tranquila junto a la ventana.
