Marsha se encogió de hombros.

– No dejo de decirme que debería estar encantada por el gran número de mujeres que contrata, por el tema de la igualdad y todo eso, pero no puedo. Los hombres se marchan de aquí y no sabemos por qué. ¿Topografía? ¿Una maldición aborigen? El caso es que se nos está yendo de las manos. A las mujeres jóvenes les está resultando difícil encontrar marido y, lo que es peor, los pocos hombres que tenemos suelen encontrar a sus esposas en otra parte.

Charity hizo todo lo que pudo por parecer tanto inteligente como interesada en el tema a la vez.

– Entiendo que es una situación difícil -intelectualmente comprendía que una población en crecimiento era esencial para que toda ciudad sobreviviera, pero… ¿escasez de hombres? ¿En serio?-. ¿Habéis investigado lo del tema de la maldición aborigen? -preguntó cuando no se le ocurrió nada más.

Marsha se rió.

– Los únicos aborígenes que vivieron en las colinas no eran de los que lanzaban maldiciones. Lo que pienso es que si traemos negocios a la ciudad no creo que tuviera nada de malo limitarnos a ésos que tradicionalmente desempeñan los hombres, como ingeniería, tecnología, un segundo hospital. Es cierto que los hospitales también contratan a mujeres, pero eso nos daría una gran base de empleo.

Sí, claro, ¡como si Charity pudiera conectarse a Internet y encargar un hospital, así, sin más! Respiró hondo. Necesitaba procesar la información. ¿Escasez de hombres? Jamás en su vida había oído algo así, aunque tampoco podía culpar a la alcaldesa por no haberlo mencionado durante las entrevistas de trabajo. Eso sí que habría sido una buena forma de aterrorizar a los candidatos.

– Durante los próximos días, a medida que vayas conociéndolo todo por aquí, quiero que hagas un recuento mental y podrás ver por ti misma que hay una gravísima escasez de hombres. Mi gran temor es que corra la voz y que un periodista de alguna parte lo descubra y empiecen a inventarse historias sobre la ciudad.



16 из 253