Ella no hubiera podido descubrir de ningún modo que existía una donación privada, por mucho que hubiera investigado y preparado su trabajo. Aun así, se sentía ligeramente insatisfecha porque prefería alcanzar el éxito por sus propios medios y no gracias a un rescate.

Se dirigió a su nuevo despacho en la segunda planta. No había tenido mucho tiempo para instalarse entre la mudanza a Fool's Gold durante el fin de semana y preparar la presentación y por eso se había llevado una caja con objetos personales y la había soltado en el escritorio poco antes de las seis de esa misma mañana. A las seis y un minuto, ya se había presentado en la sala de juntas para repasar su presentación con la esperanza de que fuera perfecta. «Una absoluta pérdida de tiempo», se dijo mientras entraba en el segundo piso. Entre el fallecimiento de su ordenador y el chico misterioso, no tenía que haberse molestado.

Esa mañana a primera hora el espacio abierto del viejo edificio había estado vacío y tranquilo; ahora, media docena de mujeres trabajaban en sus escritorios, había puertas de despachos abiertas y el sonido de las conversaciones salía de ellos creando un sonido de fondo lleno de murmullos.

Se giró hacia su despacho. Su secretaria debería haber llegado para conocerse a pesar de que, técnicamente, llevaban trabajando juntas un par de semanas ya que Sheryl le había enviado información a Nevada.

Charity había visitado Fool's Gold durante el proceso de selección para ocupar el puesto y en aquel momento había conocido a la alcaldesa y a unos cuantos miembros del Ayuntamiento. Nunca antes había vivido en una ciudad tan pequeña. Lo único que conocía que se acercara a eso había sido Stars Hollow, el pueblo donde vivían las protagonistas de Las chicas Gilmore y que había visto en la serie mientras estaba en la universidad. Le había gustado todo lo que había visto en Fool's Gold y había podido imaginarse echando raíces en esa pequeña ciudad junto al lago. Incluso había estado en ese edificio y había echado un vistazo, aunque no se había fijado en el gigantesco póster que colgaba de la pared.



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