– ¿Cuándo?

– Hoy hace una semana.

– ¿Se levantó y desapareció?

– Pensamos que había acudido al trabajo como de costumbre, a la peluquería de High Street, pero nos llamaron de allí preguntando si estaba enferma y entonces comprobamos que faltaba algo de ropa, lo justo para llenar una mochila, dinero, las tarjetas y el móvil…

– Hemos marcado el número no sé cuántas veces -añadió su esposa-, pero lo tiene siempre desconectado.

– ¿Han hablado de ello con alguien más? -preguntó Siobhan llevándose la taza a los labios.

– A todas las personas que se nos ha ocurrido: sus amigas, antiguas compañeras de colegio y las chicas con quienes trabaja.

– ¿Han preguntado en la escuela?

Alice Jardine asintió con la cabeza.

– Tampoco ha ido por allí.

– Fuimos a la comisaría de Livingstone -dijo John Jardine, que seguía removiendo el azúcar sin ninguna intención de tomarse el café-, pero nos dijeron que como tiene dieciocho años no vulnera la ley, y que dado que hizo el equipaje, no puede colegirse que la raptaron.

– Así es, desde luego -Siobhan omitió decir que eran muchas las chicas que se iban de casa y que si ella hubiera vivido en Banehall también se habría marchado…-¿Han tenido alguna discusión con ella?

La señora Jardine negó con la cabeza.

– Estaba ahorrando para comprarse un piso… y había hecho una lista de las cosas que quería comprarse.

– ¿Tenía novio?

– Tuvo uno hasta hace dos meses. Pero lo dejaron… -añadió él sin encontrar la palabra-. Continuaban siendo amigos.

– ¿Lo dejaron amigablemente? -añadió Siobhan.

El señor Jardine sonrió y asintió con la cabeza como diciendo: «Eso es».

– Quisiéramos saber qué ha podido suceder -dijo Alice Jardine.

– Sí, claro; hay sitios donde recurrir…, agencias que buscan a personas que, como Ishbel, se han marchado de casa por algún motivo.



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