– Es una alegría ver color en tus mejillas -dijo.

– Muy gracioso -replicó ella con un chasquido de la lengua y apoyándose en la pared-. No sé por qué es tan…

– ¿Tan qué? -dijo Rebus observando la punta roja del cigarrillo.

– No sé… -contestó ella mirando a su alrededor como buscando inspiración.

Comenzaban a deambular juerguistas haciendo la ronda de los mesones y había turistas tomándose fotos en Starbuck's con la subida al castillo como telón de fondo. Lo viejo y lo nuevo, volvió a pensar Rebus.

– Para él es como si fuera un juego -dijo al fin Siobhan-. Bueno, no es exactamente lo que quiero decir.

– Curt es uno de los hombres más serios que conozco -repuso Rebus-, pero hace el trabajo a su manera. Todos tenemos nuestra manera, ¿no?

– Todos, ¿no? -replicó ella mirándole-. Me imagino que la tuya implica cantidades de nicotina y alcohol.

– No hay que abandonar una buena combinación.

– ¿Aunque sea una combinación mortal?

– ¿Recuerdas la historia de aquel rey de la Antigüedad que tomaba a diario una dosis de veneno para inmunizarse? -dijo él expulsando humo hacia el cielo cárdeno del atardecer-. Piénsalo, y mientras lo piensas voy a invitar a un trago a ese obrero y es posible que yo me tome otro -añadió empujando la puerta del bar y dejando que se cerrara a sus espaldas.

Siobhan permaneció afuera un instante y luego siguió sus pasos.

– A ese rey, ¿no acabaron matándolo? -preguntó mientras caminaban hacia la barra.

El local se llamaba The Warlock y parecía un negocio orientado hacia los turistas cansados de caminar. Había en una de sus paredes un mural con la historia del mayor Weir, confeso en el siglo XVII de brujería y delator de su hermana como cómplice, lo que les valió a ambos la ejecución en Calton Hill.

– Precioso -fue el comentario de Siobhan.

Rebus señaló hacia una máquina tragaperras en la que jugaba un hombre fornido con mono azul polvoriento. Sobre la máquina había una copa de coñac vacía.



24 из 401